Cirugía de reconstrucción del suelo pélvico

Equipo especialista en reconstrucción del suelo pélvico

¿Qué es la cirugía de reconstrucción del suelo pélvico?

La cirugía de reconstrucción del suelo pélvico tiene como objetivo corregir los prolapsos de los órganos pélvicos (vejiga, útero, vagina o recto), mejorar los síntomas asociados y recuperar la anatomía y la función del suelo pélvico, siempre priorizando la calidad de vida de la paciente.

En nuestra unidad somos especialistas en cirugía del suelo pélvico y utilizamos de forma preferente técnicas mínimamente invasivas, individualizando el tratamiento según el tipo de prolapso, la edad, los síntomas, los antecedentes quirúrgicos y las preferencias de cada paciente.

Técnicas quirúrgicas sin mallas

Siempre que es posible, priorizamos técnicas reconstructivas sin utilización de mallas, especialmente en prolapsos leves o moderados:

  • Corrección del cistocele (descenso de la vejiga) mediante plastia anterior vaginal.
  • Corrección del rectocele (descenso del recto) mediante plastia posterior vaginal.

Estas técnicas permiten restaurar el soporte del suelo pélvico utilizando los propios tejidos de la paciente, con buenos resultados funcionales y anatómicos.

Reconstrucción vaginal y cirugías combinadas

En muchos casos, la cirugía del suelo pélvico puede combinarse con procedimientos adicionales para optimizar el resultado:

  • Vaginoplastia, para la reconstrucción y mejora del canal vaginal.
  • Corrección del prolapso apical (descenso del útero o de la cúpula vaginal), con o sin conservación del útero.

La elección de la técnica se realiza de forma personalizada tras una valoración completa.

Cirugía del prolapso apical y conservación uterina

Dependiendo del caso clínico, se pueden emplear diferentes abordajes:

  • Histerectomía mediante vNOTES (cirugía mínimamente invasiva a través de la vagina, sin incisiones abdominales visibles).
  • Histerectomía subtotal con colposacropexia, utilizando malla, mediante abordaje laparoscópico o robótico, indicada en casos seleccionados de prolapso apical.
  • Cirugía reconstructiva en pacientes ya histerectomizadas que presentan prolapso de cúpula vaginal, mediante colocación de malla a nivel vaginal y reconstrucción del soporte pélvico.

Estas técnicas permiten una fijación sólida de la vagina o del útero, con un enfoque anatómico y funcional.

Otras técnicas avanzadas de reconstrucción del suelo pélvico

En función de la anatomía y del tipo de prolapso, también realizamos técnicas específicas como:

  • Pectopexia por laparoscopia.
  • Técnica de Dubuisson por laparoscopia.

Ambas son alternativas eficaces para la corrección del prolapso apical mediante abordajes mínimamente invasivos.

Cirugía de la incontinencia urinaria

Además de la cirugía del prolapso, tratamos la incontinencia urinaria, que con frecuencia puede asociarse a los problemas del suelo pélvico:

  • Infiltración de Bulkamid, una técnica mínimamente invasiva indicada en determinados tipos de incontinencia.
  • Colocación de mallas suburetrales mediante técnica TOT (in/out), orientada a la corrección de la incontinencia urinaria de esfuerzo.

La indicación de cada técnica se realiza tras un estudio uroginecológico adecuado.

Ingreso, recuperación y seguimiento

  • Ingreso hospitalario: habitualmente entre 24 y 48 horas.
  • Recuperación inicial: se recomienda reposo domiciliario durante aproximadamente 10–15 días.
  • Actividad física: evitar esfuerzos físicos importantes durante 1 mes.
  • Seguimiento: primer control en consulta entre los 30 y 45 días tras la cirugía.

Nuestro objetivo es ofrecer una recuperación segura, progresiva y adaptada a cada paciente.

Atención especializada y personalizada

Contamos con amplia experiencia en cirugía reconstructiva del suelo pélvico y aplicamos técnicas de vanguardia, con un enfoque mínimamente invasivo siempre que es posible. Cada tratamiento se diseña de forma individual, explicando claramente las opciones disponibles para que la paciente pueda tomar decisiones informadas y con confianza.

Reservar cita

Rubèn Baltà i Arandes - Doctoralia.es

¿Quieres más información o una valoración?

Estoy disponible para valorar tu caso y ayudarte a tomar la mejor decisión quirúrgica.

Preguntas frecuentes

Es el conjunto de procedimientos quirúrgicos destinados a corregir el descenso de los órganos pélvicos (vejiga, útero, vagina o recto), mejorar los síntomas asociados —como sensación de bulto, molestias o dificultad para orinar o defecar— y restaurar la anatomía y la función del suelo pélvico.

Los síntomas más habituales incluyen sensación de peso o bulto vaginal, molestias al caminar o hacer esfuerzos, dificultades para vaciar la vejiga o el recto, incontinencia urinaria y alteraciones en las relaciones sexuales. La indicación quirúrgica depende de la intensidad de los síntomas y del impacto en la calidad de vida.
No. Siempre que es posible priorizamos técnicas sin mallas, utilizando los propios tejidos de la paciente, como la plastia anterior para el cistocele o la plastia posterior para el rectocele. Las mallas se reservan para casos concretos, como determinados prolapsos apicales o prolapsos de cúpula vaginal en pacientes ya histerectomizadas.
El cistocele es el descenso de la vejiga hacia la vagina. Se corrige habitualmente mediante una plastia anterior vaginal, una técnica reconstructiva que refuerza el soporte de la vejiga sin necesidad de mallas en la mayoría de los casos.
El rectocele es el descenso del recto hacia la vagina. Su corrección se realiza mediante una plastia posterior vaginal, que permite restaurar el soporte del tabique rectovaginal y mejorar los síntomas asociados.
Sí. Es frecuente combinar la corrección del prolapso con una vaginoplastia, con la reparación de varios compartimentos del suelo pélvico o con la corrección del prolapso apical en una sola intervención, siempre que esté indicado y sea seguro para la paciente.
Es el descenso del útero o, en mujeres ya histerectomizadas, de la cúpula vaginal. Requiere técnicas específicas de fijación para restaurar un soporte adecuado y duradero.
No siempre. En algunos casos se puede conservar el útero. En otros, se indica una histerectomía, que puede realizarse mediante técnicas mínimamente invasivas como vNOTES, laparoscopia o cirugía robótica, según la situación clínica.
Es una técnica quirúrgica mínimamente invasiva que se realiza a través de la vagina, sin incisiones abdominales visibles. Permite realizar procedimientos como la histerectomía con una recuperación más rápida y menor impacto estético.
En pacientes histerectomizadas que presentan prolapso de cúpula vaginal, realizamos técnicas de reconstrucción del suelo pélvico que pueden incluir la colocación de una malla para reforzar el soporte vaginal y restaurar la anatomía.
Son técnicas avanzadas de reconstrucción del prolapso apical realizadas por laparoscopia, que permiten fijar la vagina o el útero a estructuras anatómicas sólidas, ofreciendo buenos resultados funcionales y anatómicos.
En muchos casos, sí. Además, cuando la incontinencia urinaria está presente, puede tratarse mediante técnicas específicas como la infiltración de Bulkamid o la colocación de mallas suburetrales tipo TOT (in/out).
Es una técnica mínimamente invasiva que consiste en la infiltración de un material biocompatible a nivel uretral para mejorar la continencia urinaria en casos seleccionados.
La técnica TOT es una cirugía para la incontinencia urinaria de esfuerzo que utiliza una malla suburetral colocada a través del foramen obturador, con buenos resultados y una recuperación rápida.
El ingreso hospitalario suele ser de 24 a 48 horas, dependiendo del tipo de cirugía realizada y de la evolución postoperatoria.
Se recomienda reposo domiciliario durante 10 a 15 días. La reincorporación a la vida laboral dependerá del tipo de trabajo, y se deben evitar esfuerzos físicos importantes durante 1 mes.
En general, los resultados son muy satisfactorios y duraderos. La elección adecuada de la técnica quirúrgica y el seguimiento médico son claves para minimizar el riesgo de recidiva.
El primer control en consulta se realiza habitualmente entre los 30 y 45 días después de la intervención.
No. Cada caso se evalúa de forma individual, teniendo en cuenta la anatomía, los síntomas, los antecedentes y las preferencias de la paciente, para ofrecer el tratamiento más adecuado y seguro.